CARLES PUYOL PENSO EN TIRAR LA TOALLA
Puyol mientras se recuperaba en Ibiza pensó en retirarse y abandonar el fútbol, porque ha tenido muchas lesiones. Y aunque siempre ha salido adelante, tiene miedo de que esta vez no se recupere, porque ha estado muchas veces en el quirófano, tiene miedo de que la operación salga mal y no pueda volver a jugar al fútbol nunca más.
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miércoles, 17 de octubre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
MI CUARTO RELATO
El
viaje a un mundo mágico
En un futuro no muy lejano
cuentan que un ogro llamado Félix junto a su burro Paco viajaran a
un planeta nuevo y lleno de aventuras que se llamará Hercúleos.
Félix también se llevará a su perro Boby, porque no lo podrá
dejar solo en su casa sin nadie que lo acompañe. Félix era un ogro
verde y con el pelo negro y corto. Paco era gris y pequeño. Boby era
casi de peluche, era adorable y marrón. Félix fabricará un par de
zapatillas veloces para él, dos pares para Paco y un par para Boby.
Con ellas podrán correr a gran velocidad cuando lleguen a Hercúleos.
A la hora de irse Boby los abandonará porque le dará miedo ir a ese
planeta. Félix y Paco se fueron muy tristes porque Boby les
abandonará. Al llegar se encontrarán un mundo mágico lleno de
fantasía y de muchas estrellas en el cielo. Los primeros días que
estarán allí se lo pasarán
genial comiendo muchas gominolas, jugando con sus amigos,
bañándose en una piscina, haciendo muñecos de nieve y durmiendo al
aire libre todas las noches. A Félix y a Paco les gustará llevar
sus zapatillas porque podrán ir a donde quieran a mucha velocidad.
Allí estarán dos meses hasta que decidirán quedarse a vivir allí.
Todos las noches Félix pensará en Boby y lo extrañará porque lo
quería mucho y le encantaba jugar con él. A las tres semanas irá
un helicóptero naranja y pequeño. De allí saldrá Boby con su
maleta y un regalo para Félix que será un cuadro con una foto de
Boby, Paco y Feliz. A Boby le enseñaran ese mundo mágico y esa casa
que comprarán para quedarse allí a vivir. Así que esto pasó, ya
mi cuento se acabó.
jueves, 27 de septiembre de 2012
MI TERCER RELATO
Un viaje a Saturno en 5 segundos
Érase que se era, que en buena hora sea para ver a mi tía granjera. Kevin era un fantasma de 8 años que vivía en una nave espacial escondida entre unos arbustos en Cádiz. Vive solo en su nave espacial y a veces está muy triste porque no tiene amigos con quien jugar. Su aspecto era raro, llevaba una peluca amarilla, un bañador de los antiguos que ya estaba pasado de moda y unas zapatillas deportivas nuevas. Era bajo, delgado y sus ojos eran rojos. Aunque él quisiera no llamar la atención todos se quedaban mirándolo porque su ropa era una mezcla de que se llevaba antes y la moderna de ahora. Kevin quería visitar a su abuela que era granjera porque estaba muy sola, sin nadie que la acompañara. Vivía en el planeta Saturno con su tortuga pero estaba muy sola sin vecinos ni familia cerca. Cumplía ochenta y cinco años y Kevin decidió regalarle un robot de cocina para que le ayudara a cocinar la comida. A Kevin no le hizo falta viajar en la nave espacial porque tenía una puerta mágica que en tan solo cinco segundos le llevaba al sitio que quisiera aunque estuviese muy lejos. Al llegar allí se encontró a sus cuatro hermanos, a sus tíos y a su abuela con un gorro de cumpleaños. Sus hermanos les habían regalado un estuche de pinturas. Tenía unas brochas para el colorete, un pintalabios, una colonia con olor a flores y un espejo. Sus tíos les regalaron una maceta grande y muy bonita, con unas flores rosas y otras blancas. Su abuela compró una tarta de chocolate y el numero ocho y el cinco para las velas. Le cantaron cumpleaños feliz y sopló las velas. Al soplar las velas llegó el sobrino de Kevin que tenía diecisiete años y era alto, delgado y muy guapo. Le regaló tomates, pimientos, rábanos, cebollas, lechugas, pepinos y un poquito de sal. Para hacer una ensalada para la noche cenar y se acabó este cuento con sal y pimiento y rabanillo tuerto.
Érase que se era, que en buena hora sea para ver a mi tía granjera. Kevin era un fantasma de 8 años que vivía en una nave espacial escondida entre unos arbustos en Cádiz. Vive solo en su nave espacial y a veces está muy triste porque no tiene amigos con quien jugar. Su aspecto era raro, llevaba una peluca amarilla, un bañador de los antiguos que ya estaba pasado de moda y unas zapatillas deportivas nuevas. Era bajo, delgado y sus ojos eran rojos. Aunque él quisiera no llamar la atención todos se quedaban mirándolo porque su ropa era una mezcla de que se llevaba antes y la moderna de ahora. Kevin quería visitar a su abuela que era granjera porque estaba muy sola, sin nadie que la acompañara. Vivía en el planeta Saturno con su tortuga pero estaba muy sola sin vecinos ni familia cerca. Cumplía ochenta y cinco años y Kevin decidió regalarle un robot de cocina para que le ayudara a cocinar la comida. A Kevin no le hizo falta viajar en la nave espacial porque tenía una puerta mágica que en tan solo cinco segundos le llevaba al sitio que quisiera aunque estuviese muy lejos. Al llegar allí se encontró a sus cuatro hermanos, a sus tíos y a su abuela con un gorro de cumpleaños. Sus hermanos les habían regalado un estuche de pinturas. Tenía unas brochas para el colorete, un pintalabios, una colonia con olor a flores y un espejo. Sus tíos les regalaron una maceta grande y muy bonita, con unas flores rosas y otras blancas. Su abuela compró una tarta de chocolate y el numero ocho y el cinco para las velas. Le cantaron cumpleaños feliz y sopló las velas. Al soplar las velas llegó el sobrino de Kevin que tenía diecisiete años y era alto, delgado y muy guapo. Le regaló tomates, pimientos, rábanos, cebollas, lechugas, pepinos y un poquito de sal. Para hacer una ensalada para la noche cenar y se acabó este cuento con sal y pimiento y rabanillo tuerto.
viernes, 21 de septiembre de 2012
ILLORA
SEGUNDO RELATO
Un
día triste se convierte en un día divertido
Era
un día de invierno de mucho frió. Santiago, Salvador y Roberto
tenían 11 años y eran unos niños altos, delgados, con el pelo
corto y que jugaban muy bien al fútbol. Estaban aburridos y tumbados
en el sofá sin nada a lo que poder jugar con el balón nuevo que le
regalaron a Salvador por su cumpleaños. Miraban por la ventana y
veían la calle solitaria por que todos sus amigos estaban en sus
casas jugando a la consola, viendo la televisión o haciendo los
deberes. Al llegar Cristóbal, el padre de Roberto todos se pusieron
muy contentos porque querían que los llevaran al polideportivo.
Cristóbal cogió las llaves del coche y fueron a comprar pasteles
para merendar eran de chocolate, estaban tan buenos que te relamías
los dedos. Luego hicieron los deberes y estudiaron. Cuando acabaron
Cristóbal los llevó al polideportivo. Al llegar no pudieron jugar
en el césped porque estaban los niños mas pequeños entrenando, y
acababan a las siete. Así que se fueron a la tienda de chucherías a
comprarse gominolas de muchos sabores y figuras, con el dinero que
les habían dado sus padres para que se compraran lo que quisieran.
Había una gominola que les llamó mucho la atención porque se
parecía una estrella de las nieves, era blanca y tenía un sabor muy
dulce como el de una piruleta. Al salir vieron un chaval joven que
conducía una moto gris que era muy chula. Y nos fuimos al
polideportivo porque ya habían terminado de entrenar los otros niños
y ya podíamos jugar al fútbol en el césped. Al llegar cogimos el
balón y nos pusimos a jugar al fútbol con Enrique que era un niño
bajo,un poco gordo y que tenía unas gafas azules. Santiago se puso
de portero y Roberto, Salvador y Enrique le tiraban tiros. Enrique es
un poco malo jugando al fútbol y de diez veces que tiró no marcó
ninguna, todas las tiró fuera de la portería. Enrique tenía que
aprender de Salvador y de Roberto porque de diez que tiraran los
marcaban todos. Eran las ocho y media de la noche y todos se habían
ido menos ellos que seguían jugando al fútbol. Al cabo de un rato
estaban agotados y se tumbaron en el césped a ver el atardecer que
tenía un color rojo radiante y un naranja claro. Cristóbal vino con
el coche a recogerlos porque había ido a comprar una lámpara y como
la tienda estaba muy cerca del polideportivo
llegó a por ellos para llevarlos a sus casas.
Un
día triste y aburrido se volvió en un día alegre y divertido.
MI PRIMER RELATO
La
librería encantada
Erase
una vez unos chicos de 11 años que empezaban un nuevo curso en en la
escuela. Sus madres habían ido antes al colegio a conocer al nuevo
maestro y a recoger la lista de los materiales que había que
comprar. En esa lista aparecían:
1.
bolígrafo azul y rojo
2.
pegamento
3.
goma de borrar
4.
carpeta archivador de anillas
5.
tijeras
Fernando,
Francisco y Guillermo cogieron sus bicicletas y se fueron a comprar
los materiales a la librería.
Por
el camino se encontraron a sus amigos que les invitaron a unas
granizadas de fresa que estaban muy frías y tenían un sabor dulce
como cuando te comes algodón dulce. Al llegar a la librería
entraron y había una señora mayor era muy pequeña y delgada, tenía
muchas arrugas y sus pelos eran blancos con canas. Esa señora daba
un poco de miedo porque se parecía a una bruja de las que salen en
los libros de miedo, que siempre nos cuentan nuestros abuelos. La
señora mayor les dijo:
-¿Queréis
subir arriba a jugar con otros niños o a colorear con ceras un
cuaderno de dibujos?
-Vale.
Respondieron con alegría.
Al
subir se encontraron con dos caminos uno tenía juguetes,pizarras,
libros para hacer deberes o para repasar inglés, matemáticas,
lengua o conocimiento del medio y había muchos cuadernos para hacer
problemas. El otro camino tenía muchas cuerdas que había que saltar
de una a otra y muchos fantasmas. Como a Francisco le gustaba mucho
la aventura se fueron por el segundo de los camino para saltar por
las cuerdas. Cuando llevaban un rato saltando de una cuerda a otra
entraron por una puerta, habían muchos monstruos y momias que los
perseguían. Ellos corrían porque estaban muy asustados y las momias
no paraban de perseguirles y ellos lloraban al tener mucho miedo
hasta que llegaron al final donde estaban sus padre y madres
esperándolos para darles un abrazo porque sabían que iban a coger
el segundo camino porque no les gustan los libros ni tampoco hacer
deberes. Sus padres les contaron que todo había sido una broma y que
esa librería era una juguetería. Esa vieja era su tía disfrazada,
Y que ella junto a su marido iban a abrir esa juguetería.
Desde
ese día Fernando, Francisco y Guillermo se portaron bien y empezaron
a leer libros y a hacer los deberes sin quejarse de que son muchos.
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